Hace unos días escribía sobre la farsa que suponía la celebración del juicio contra el Khmer rojo.  Después de unos cuantos años de juicio, de algunas dimisiones de jueces, y sobre todo después de más de 200 millones de euros, finalmente se han condenado a dos ancianos de más de 80 años a cadena perpetua. O sea, unos lumbreras. 200 millones de euros para decir que estos dos señores son unos asesinos. Pues me parece que aunque se merecían un juicio justo, no hacía falta que el juicio costara 200 millones.  Todo empieza cuando los Estados Unidos, el mismo país que bombardeó Camboya y ocasionó 800.000 víctimas entre 1970 y 1975, deciden que los crímenes del Khmer Rojo, no pueden quedar impunes y hay que hacer Cummey un buen amigo en Camboyaun juicio contra ellos. El primer ministro de Camboya dijo entonces que las cosas de Camboya, se juzgan en Camboya y que no tenía ni la más remota idea de lo que era el tribunal de la Haya que es el lugar donde se juzgan estos asuntos. Así que en lugar de llevar a los acusados a Europa, deciden traer aquí a toda una corte de jueces, letrados y magistrados a Camboya… ¿Cuánto cobra un juez de un tribunal internacional en La Haya? Pues imaginad desplazado en Camboya. El juicio ha sido una continua farsa en la que los acusados eran juzgados por un tribunal bicéfalo (camboyano / internacional). Han estado 5 años gastando dinero para finalmente llegar a la conclusión de que Dutch, el director del campo de tortura  S21, era culpable (35 años de condena, algo así como un día y medio por persona que falleció en el campo de tortura). Con la cantidad de evidencias gráficas que existen creo que no hacía falta gastar tanto dinero para decidirlo. Y por otro lado se han condenado a cadena perpetua a dos líderes del Khemer Rojo , Khieu Samphan y Nuon Chea. Hay que decir que estos dos “angelitos” fueron responsables directos de las matanzas indiscriminadas llevadas a cabo en Camboya, ya que ocupaban altos cargos en la dirección de la Camboya de Pol Pot. Pues bien estos dos señores van a vivir mejor que en casa… tendrán atención médica permanente, aire acondicionado y comida digna. Algo que ya quisieran para sí el 90% de los ancianos de este país. Lo que no deja de llamarme la atención es que cuando le pregunto por el juicio a los camboyanos dicen no tener ni idea, dicen que eso pasó hace mucho tiempo y dicen que no se puede ni debe avivar el odio y la ira. Durante la parte del juicio en la que se juzgaba a Dutch como director del S21, declararon los tres únicos supervivientes que quedaban vivos por aquel entonces (hoy sólo quedan dos). ¡Qué mayor prueba que sus testimonios!. Pues bien, cada uno de ellos, solo declaró durante unos minutos, llegando en algún caso a burlarse de ellos el juez Camboyano.

Personalmente creo que esos 200 millones de euros debería haber ido a levantar hospitales, escuelas, arreglar carreteras, y un sin fin de cosas antes de que se haya ido a los bolsillos de los dignatarios que decidieron que lo que un día ocurrió en Camboya no puede volver a ocurrir y por eso, y sólo por eso me embolso una cantidad escandalosa de dinero para certificarlo.

El sábado pasado pasé por el S21 a visitar a mi buen amigo Chum Mey, uno de los dos supervivientes vivos que quedan.  Me gustaría resaltar que este señor fue brutalmente torturado durante 12 días y le fueron arrancadas las uñas de los dos pies, recibió descargas eléctricas dentro del oído además de innumerables palizas (y todo ello sin tener ni la más remota idea de por qué). Pues bien, le pregunté que le parecía el resultado del juicio y sabiamente me respondió:

“Mira amigo (así es como él me llama), el juicio está incompleto, sólo se han condenado a tres personas de todos los culpables del genocidio, aun quedan muchos responsables del Khemer Rojo en las altas esferas del país, ministros, generales, gobernadores, etc… pero al menos ha habido un juicio justo, los acusados han tenido a los abogados que yo no tuve y por fin se ha hecho algo medianamente serio que dejará huella. Cuenta esto a los niños de todo el mundo, que todo el mundo sepa lo que ocurrió, que todo el mundo sepa que murieron millones de personas por el capricho de 5 chiflados, esa será la verdadera justicia que los camboyanos esperan”.

Le pregunté si estaba feliz con el juicio y me respondió que sí, que pensaba que no llegaría a ver condenados a los líderes del Khmer Rojo. Yo le respondía que si él estaba feliz yo también lo estaría. Nos dimos un profundo y sentido abrazo y siguió vendiendo libros como viene haciendo desde hace años a 50 metros de la celda donde fue torturado.